dissabte, 16 de març del 2013

El 5º día de compras compulsivas del papa de Roma...


o al 6º día descansó.

Y en ese quinto  día el Santo Padre
Que no tiene perrito que le ladre,
-De compras sinsentido
A Milano había ido-.
Volvió a Roma sin mitra, -¡qué desmadre!-

divendres, 15 de març del 2013

Siete vidas



El 21 de abril, mi gato se suicidó. Se tiró por la ventana. Buen comienzo de primavera, pensé. Era una noche estrellada y no sé muy bien si lo que quiso es salir del tugurio en el que vivimos para contemplar las estrellas, o dejar de verme a mí definitivamente. Yo no me enteré hasta bastante más tarde porque, según mi costumbre de los últimos años, había ido a cenar al bar de la esquina y, claro, no se puede estar al mismo tiempo en casa y en el bareto, uno no tiene el don de la ubicuidad, qué queréis. Dicen que los gatos tienen siete vidas. No os lo creáis: quienes dicen eso mienten como bellacos. Los que tenemos siete vidas somos los borrachos, eso sí que os lo puedo asegurar. En el bareto de al lado trabaja Lino. Me da un bocata a escondidas del dueño,  un malasangre de cuidado. No me puede ni ver. Así que aprovecho cuando ya está a punto de cerrar y él se ha ido a dormir, según dice, que a mí no me la pega. Mi amigo me da también algunos restos de pescado para mi gato. Mi gato no tiene nombre. ¿Para qué si nadie le llama? Yo lo llamo “gato” y él hace que me oye, pero siempre actúa según su voluntad, el muy taimado.  Lo que más le gusta es frotarse contra mis piernas. Mejor dicho era y le gustaba. Ahora ya no le gusta nada, ni siquiera las raspas de las sardinas que me dio mi amigo anoche para él, pensando que se relamería los bigotes. Recogí a gato del suelo, a donde había ido a parar, y lo tengo guardado - bien estiradito como lo encontré al volver- junto a mi reloj de pulsera, mi vieja pipa, los pañuelos que me bordó aquella novia, algunas fotos que me recuerdan épocas medio olvidadas de cuando yo…,  y  otras muchas cosas que ya no me sirven para nada y que pienso dejar en herencia a mis queridísimos hijos cuando se me acaben las siete vidas.


dijous, 14 de març del 2013

Silenci de neu

(“Silencio de nieve ”és vers i títol d’una poesia de Gloria Fuertes)
*
Obra els ulls i es passa la mà pel front entresuat, amb l’altra ressegueix la banda buida del llit. Un malson. Sospira, es lleva, descorre la cortina i obre un porticó de la finestra. Blanc, un blanc que toca el vidre.

Surt de l’habitació i baixa amb la camisa de dormir per una escala vella de fusta. Obre el llum, omple d’aigua la tetera i encén un fogó i un cigarret alhora. Mira les finestres tancades i una petita taula on hi ha l’emissora de ràdio que funciona de tard en tard i un ordinador. Després es connectarà a internet. A l’hivern els dies són més llargs que a l’estiu, o és a l’inrevés?

A taula, sota unes joguines troba un diari i espera el xiulet del primer té. Es refrega els peus amb les mitges de llana i apaga el cigarret.

El fred és tant profund que puja l’escala només pel gust de que grinyoli. Obre les aixetes de la banyera i el llum del sostre comença a fer pampallugues. Mira l’habitació dels nens amb els dos llits per fer i un curull de roba i andròmines. Obre la finestra tapada per una cortina de coloraines i veu que la neu arriba fins a l’ampit. Immaculada, fa mal als ulls i al cap. D’esma agafa uns mitjons del terra i torna al lavabo per treure la bombeta mig fosa. S’ha de revisar el generador. Baixa a la sala-menjador-cuina.
És temps d’un altre té i d’un altre cigarret. El bany l’acabarà de deixondir. Tria unes estelles de darrera l’escala. Quan arribi de treballar li diré que ha d’abastar més llenya. Pura rutina. Encén l’ordinador i funciona! Es reconcilia amb tot allò que és bo. Recorda el fart de riure que es van fer el primer matí, tot just instal•lats, quan la nena va obrir la porta i tota la nevada de la nit els va entrar a dins. Clar que també van començar els mals de cap-, i amb la mà fa espantar el pensament.

S’afanya a obrir una petita porta dissimulada darrera l’escala. Prem l’interruptor de paret, baixa per uns esglaons de ciment, deixa els mitjons en un cubell i la bombeta fluixa damunt d’una taula de fuster. Va a la prestatgeria plena de caixes i els veu allà, en el racó, els tres asseguts a terra, junts. L’home té el cap del nen en una espatlla i el de la nena en l’altra. Les esquenes repenjades a la paret amb les cames rectes. En silenci, amb ulls de neu.

Agafa d'una revolada la bombeta d'una caixa i corre escales amunt per tancar les aixetes.
*

Loa a Mara Laporte (mi profe en Pati Llimona)


Hay en tu nombre: mar, marea alta, altamar, ola, aleteo,  perla rara, aloa,  maremoto, 
mar (de) Plata.

En tu nombre hay: temor, alerta, llorar roto, pelea, alarma

Hay en tu nombre: arte, poeta, orate, trama, relato, poema

En tu nombre hay: aroma, romero, loto, amapola, retama, tamal

Hay en tu nombre: llama, lar, amarre, alma, amor por amor al arte

Eres Mara: mar, pelea, poema, aroma, amarre

                                

dimecres, 13 de març del 2013

Como los trenes de la noche

"Como los trenes de la noche" (J.A. Goytisolo)
***

Silbido de trenes
como serpientes de pantano.
Rasga la noche.

dimarts, 12 de març del 2013

Celos


Estás solo en el bar de todos los días desde que sucedió. Tu confidente, el vaso de cerveza, otro más,  que no te pide nada y que te da todo. Todo  lo que necesitas, alcohol en vena que te traiga el olvido. Pero tú no quieres olvidar, quieres tener siempre presente el momento. O eso pretendes creer.
Nunca te gustó. Pero te enternecía cómo la trataba. Así que cuando dejó de tratarla como un enamorado, tú que realmente lo estabas, acabaste con él. Aún no te han descubierto, ni creo que lo hagan. Estudiaste muy bien todos tus movimientos y él, bajo tierra, no tiene muchas posibilidades de delatarte.
Aquí estás, solo. Aislado en tu mundo. Porque ni siquiera ella, en su ignorancia, podrá agradecértelo.


Metro


Metro Plaça Espanya, hora punta. Es el cuatro de agosto y la gente apenas si puede respirar a pesar del aire acondicionado. El sudor se queda pegado en las paredes, en los asientos, en las barras. Con un poco de imaginación, veríamos emanar vapor de agua por los poros de brazos, piernas, cuellos, frentes. Olores. Abanicos de movimientos desesperados. Miradas hacia algún posible asiento vacío cuando el metro llega a una estación. Es el momento que aprovecha un individuo con pinta de no haber roto nunca un plato para meter los dedos en algún que otro bolso medio dormido. No sabe todavía, sin embargo, que dentro de unos segundos, una mujer que ha entrevisto su juego, va a mirarse la muñeca en busca de su hora. Se acerca al descuidero, abre su bolso y, sin levantar la voz más de lo necesario, casi susurrando, le dice “mete ahora mismo en mi bolso mi reloj”. El hombre abre la bolsa de plástico que lleva colgada de la muñeca, coge un reloj y lo desliza hacia la boca abierta del bolso de la mujer, que lo cierra sin aspavientos. Plaça de Catalunya. Casi las 4/4  partes de los viajeros bajan apresurados. Son las dos y media cuando la señora llega a su casa. En cuanto abre la puerta, empieza a contarle la escena del metro a su marido, que con gesto de sorpresa le dice. “¿Tu reloj? ¡Pero si te lo habías dejado en la repisa del lavabo!”