¿Os suena? Parece que es común a las profes (no sé si a los, también), darnos la idea de escribir algo sobre el nombre. Y para no dejar en mal lugar a Jùlia, que me comentó que me dedicaba ahora a hacer dobletes, ahí van otros dos sobre el mismo tema,uno de ellos arreglo del que hice en el Tallerasun.
Mi nombre
Cuando mi madre me trajo a este mundo, no se le ocurrió otra cosa que llamarme Mª de la Concepción (tengo un tercer nombre que os revelaré más adelante), como agradecimiento a una tía suya muy querida que se llamaba así. Y aquí me veis toda la vida intentando disimularlo: fui Conchita, Conchi, Concha, según avanzaba en edad y dignidad. Por supuesto, tuve también que utilizar en diversas circunstancias mi nombre oficial. Hoy, definitivamente, soy Concha; a no ser que me tope con personas de determinados países por las que me hago llamar María. Sólo para evitar malentendidos y sonrisitas de medio lado. Adoro a los italianos, que supieron tan bien disimular un nombre que desde que tuve uso de razón aprendí casi a odiar. ¿Se os ha ocurrido alguna vez buscar el significado de vuestro nombre en el diccionario? A mí, sí. O es sinónimo de preñez, o hace referencia a la virgen inmaculada. Y desde que leí su significado, cada vez que me daba por bromear con mi madre, le hacía un reproche que ella no parecía querer entender: “Podrías haberme puesto Mª del Parto” –le decía como ofendida. Os preguntaréis por qué no utilizo mi tercer nombre, hasta ahora secreto para vosotros. Si os digo que es Angustias, lo entenderéis de inmediato. No, gracias, con los dos primeros ya tengo bastante.
Concha
Mi nombre
Existo porque me nombras y el nombre que me des es lo de menos. El eco de mi nombre en tus labios es único, como única soy yo, sustantivo con mayúscula, icono impuesto y aceptado.
Dicen que el nombre hace a las personas. ¿Cuál es la realidad que me expresa?
No tenía, antes, una querencia extrema por el mío. Me dijiste: tu nombre es nombre de animales marinos, nombre de mar, de agua. De ocultaciones, de secretos sellados. Guarda en sí tesoros de algas, deja ver su interior a quien quiere y cuando quiere. Las olas le acarician y lamen sus costados. Dentro estás tú.
Existo porque me nombras.
Concha